sábado, enero 01, 2011

La guerra del fin de año

Ya se han cumplido como 22 horas de este primer día, de este primer año, de una década más que se acumula en el devenir histórico. Atrás han quedado muchos recuerdos, frustraciones, amores, odios y demás avatares, aunque algunos continúan. Entre ellos, está el que considero una tara que se repite cíclicamente todos los años, y que convierte en inútil, el propósito de renovar los hábitos "el año que viene"; total si lo vas a perpetrar el día número 364 (ó 365 si es el caso), es que no has tenido la voluntad de cambiarlo.

La víspera de año nuevo, mientras ponía en orden algunos asuntos, revisaba la galería DeviantArt de uno de los mejores artistas gráficos del medio: Bleedman, el alias cibernético de un talentoso filipino que es capaz de convertir tus sueños en pesadillas, y tus pesadillas en un carnaval onírico y atrapante. Éste artesano del doujinshi, escribió ayer: "Sabía que no podía dormir la noche de Año Nuevo, porque allá afuera sonaba como en un maldito campo de batalla, así que decidí trabajar aquí mismo. Los fuegos artificiales me mantuvieron despierto".

Y eso pasa en Manila. No sé de qué manera se podría comparar aquella anarquía de pólvora con la que siempre se estila acá en Lima. Debe ser mil veces peor. Ayer fui testigo de la transfiguración anual de mi ciudad en un Beirut de la convivencia, en una Gaza de la decencia. Un incesante bombardeo de petardos, coloreaban el cielo con lucecitas tan huachafas como los lentes que marcan el numeral del año que se viene (que justo hoy se ven más huachafos que nunca).

El armagedón de calaverones, huanuqueños y binladens, de morteros wannabe, de artillerías falsamente orientales se adueñó como cada año, de las calles otrora apacibles de esta urbanización orillada a un lado de la Universitaria. Un sólo fósforo basta para desatar la cacofonía con la que la vulgaridad despide el año, eso sí, aduciendo estar muy feliz.

No soy el único que debe odiar la estúpida traca falsamente bélica que ayer se montó. Un modesto ejemplar de labrador negro, que comparte nuestra casa en calidad de mascota, sufría lo indecible a causa del finísimo oído con el que fuera dotado por el proceso evolutivo. Por ello fue que tuvimos que hacerle una conseción al canino colega, de deambular en el interior de la casa, al pobrecillo cuadrúpedo de sentirse parte de la familia, más que nunca. Y es que la naturaleza de los perros es harta contraria al frenésí bélico del ser humano; y es por eso me dan mucha pena los perros que participan en el Ejército y la Policía, y que no llegan a su jubilación.

Quizás sea que exagero, pero es que una cosa son los fuegos artificiales coreografiados e iluminadores de las plazas públicas, que es cierto, hacen ruido, pero no son un frenesí de caos al menos. Pero es que también es cierto que quienes proveen de morteros a este ejército sin bandera, son precisamente, el comercio informal, la fabricación artesanal y alquímica, muchas veces volátil, y los herederos de aquel incinerador que fue el 29 de diciembre del 2001, el centro comercial Mesa Redonda. Y porque además, considero una insolencia, el evocar "el fulgor de cohetes, de bombas estruendo" como dice el himno estadounidense, el hallar placer al remitirse a un bombardeo a lo Sabra y Chatila, o aquella víspera del 2009, de los niños de Gaza y aún un lejano 1999 en Kosovo.

Ayer pues, los vecinos declararon la guerra a nadie, y apuntaron sus artillerías de atrezzo a no sé quién, acribillaron el cielo desde la enanez del suelo, e iluminaron insolentemente la oscuridad de la noche, a violar su silencio. En suma, a convertir Lima en una Guernika del auténtico espíritu de la celebración. En esta guerra no hay vencedores, aunque sí vencidos: todos los que pensamos que el amor por la estridencia no forma parte de la legítima expresión de la alegría. Y si para este año que viene no te has comprometido a cambiar este hábito de vagas raíces chinas, mejor no prometas nada, si vas a formar parte de los batallones de la próxima guerra del fin del año. Para tal caso, prefiero por todo ruido, soplar un matasuegras de polichinela.

1 comentario:

Salomon Fenix dijo...

Concuerdo contigo en año nuevo por mi casa habian unas horribles explosiones de cohetes que ni me dejaban dormir y me irritaba que bueno que luego ya paso todo eso saludos darkprince