lunes, octubre 11, 2010

Il stupido pagliaccio di Pelazza

Bastante indignación ha causado el desenmascaramiento del periodista Luigi Pelazza sobre su seudo reportaje, que hasta hace poco era tenido por una visión descarnada de la delincuencia en el Callao. 48 horas antes, era calificado de "escalofriante", "impactante", "estremecedor"; durante un fin de semana, se ponderó su valor y audacia para "meterse en la guarida de los avezados". Hoy el reportaje ha quedado reducido a una zarzuela insípida con pretensiones de spagheti western.

Este pretendido Sergio Leone del sensacionalismo, había pagado a un grupo de delincuentes de medio pelo, para hacerse pasar por “Los Malditos de la Mar Brava", nombre falsamente salgariano; se les entregó un guión tremendista, armas de atrezo y trapacerías inventadas. Inventaban leyendas de miedo, y hazañas de terror, gestos acojonantes, todo para las cámaras. Ante el espectador se alzaba una nueva camorra chalaca, y entre todo el montaje, un plagiado NN envuelto en mantas.

Todo esto obviamente, hacía sospechar muchas cosas: muchas aristas reveladoras, el pavoneo vano de los "actores", y por supuesto, la salida incólumne del periodista, terminaron por hundirlos; algo tan serio como un secuestro no era cosa de una recreación infantil desde luego. Pero sólo a ellos claro, porque a esas alturas el italiano farsante ya ha puesto pies en polvorosa, disfrutando de las mieles que siempre se otorgan a los hurgadores de miserias en el Tercer Mundo.

El problema no es tanto la puesta en escena, sino que, obviamente, no era necesario falsear de ese modo la realidad que tanto se han empeñado. No sé a cuento de qué viene el indignarse por "por la imagen proyectada del país en Italia", si valgan verdades, esto no ha sido más que un simulacro de la realidad dura del Primer Puerto. Ha mentido don Pelazza es cierto, ha infamado al periodismo, y ha hecho el ridículo de su vida, pero todo eso, ciertamente, muy al margen de ese grandísimo problema social que Kouri no ha logrado conjurar, entre otras cosas porque es él quien mejor lo maneja y no quiere competencias de ningún tipo, aunque éstas se refugien en los siempre olvidados Barracones.

No se necesita mentir para demostrar los estragos de la delincuencia en un país; en verdad les digo, hay bandas chalacas realmente mortales, se producen muchas muertes a causa de fuegos cruzados, paralelos y tangentes. Retratarlo como tal, jugándose todo, y no solo 500 soles por cabeza (por concepto de pitanza para el elenco), es la verdadera tarea del periodismo. No se necesita mentir en las favelas, ni en la archipodrida Sicilia que pretendió construir con cartón piedra este Pelazza. Las realidades sencillamente se muestran, sin necesidad de máscaras ni maquillajes. Faltosazo el bachiche éste.

Fuente: El Comercio