domingo, octubre 10, 2010

Hacerse el sueco o hacerse el arequipeño

Ya debería estar acostumbrado. Cada vez que se dan estos sucesos, de un peruano ganando un egregio (o hasta un baladí) galardón con olor internacional, para ser más exactos, cada vez que se dan copas internacionales, osos de Berlín y en éste caso, un Nóbel, zumban con furor las vuvuzelas mediáticas, y corren los pregoneros a decir que hoy es nueva fiesta nacional y mañana, feriado largo, que nadie se pierda este nuevo carnaval señores, que pasado mañana nada hay qué celebrar.

No pues. Ya estoy harto de ese omnipresente coro de huachafería mediática que se viene como huayco cada vez que un peruano, o cuasi peruano, se gana una presea internacional. Ahora resulta que todos somos vargallosistas, todos somos citadores del talentoso arequipeño, tasadores de sus experiencias, zampones de sus pasos, íntimos suyos; todos en fin quieren prenderse de donde sea de la algarabía con etéreas raíces characatas.

Aclaración importante: no estoy en contra, ni desconozco el aporte literario que ha significado para nuestra cultura la obra de Mario Vargas Llosa. Quién puede discutir sus obras, quien puede tachar sus perfecciones gramaticales, su narrativa impoluta y elocuente. Sin embargo, hay cosas que humanamente debo rechazar de don Mario: por ejemplo el devenir en un liberaloide, mentiroso, cuasi apátrida voluntario (de esos que se aplican el eufemismo de "ciudadano del mundo"), converso conservador y neocon injertado. Sí eso pienso: el viraje a lo neocon lo ha estigmatizado ultimamente, y ha sido a mi parecer, una raya más al tigre. Aunque considero decisiva su intervención en la derogación del decreto legislativo 1097, y favorable su opinión acerca del mutilado Monumento al Ojo que Llora, debo decir que políticamente es un fiasco. Como si no lo hubiera desmotrado en los 90, cuando flaqueó su voluntad para mentir en el debate con Fujimori.

¿Que hay del Nobel en sí? Cuantos inombrables lo han recibido: Roosevelt, Woodrow Wilson, y el infame Kissinger. Claro, por lo menos el señor Vargas Llosa, ha hecho más por recibirlo, que don Obama por su inmerecido Nobel de hace un año, y lo mejor, lo ha hecho en un área donde nadie puede discutir su legitimidad. Eso nadie lo va a negar. Pero por favor, ya no nos hagamos los suecos armando alharacas con el logro del talentoso arequipeño. Si antes lo fue por la sobrevalorada cinta de una apañada sobrina, hoy el tío mitológico no merece más reconocimiento que el que significa ver reconocida su obra internacionalmente. Y acomo diría Jose Santos Chocano: "Ahí nomás".

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(*) O la generación Coelho, la generación Cuauhtemoc Sanchez, la generación Dan Brown, en buen cristiano, la generación "no me importa lo que leo, con tal que estoy hojeando un mamotreto".

1 comentario:

Dinorider d'Andoandor dijo...

por mi, bien por los reconocimientos, lo que me disgusta es ver como de pronto todos quieren subirse al coche, hasta el mapache ése del congreso salió con que fue cercano a él en la campaña de 1990 y que eran amiguitos y eso...
¬¬

y eso del Nobel, más sonó a "hasta que al fin!!!! que ya parecía choteada eterna"