sábado, octubre 04, 2008

40 años van

Hace algunos días ocurrió un evento bastante frecuente durante la convulsionada vida política del Perú, desde su fundación hasta relativamente hace pocas décadas, pero que en ésta ocasión, tuvo una singular relevancia la última vez que acaeció. Es otro de esos eventos que cada vez que suceden, suponen una profunda división en la opinión del peruano de a pie.



Hablo del Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas, que aunque nos guste o no, sigue dando qué hablar a cuatro décadas de haber ascendido al poder uno de los personajes más controvertidos de nuestra historia, el general Juan Velasco Alvarado.



Odiado por muchos, y admirado por un número no menor, su figura supone el contraste más profundo entre todo cuanto supone ser un político polémico: el modernizador para sus seguidores, el retraso para sus detractores; el sátrapa para algunos, el libertador para otros; el que dio derechos, así como el que los quitó, y reprimió.



Paralelismos vienen a mi mente: hasta el seudónimo lo tienen igual. Y este que éste "Chino", es igual de admirado por algunas radicales reformas que eran necesarias para un país hundido en el latifundismo más espantoso en pleno S. XX., así como el colocarnos en el primer puesto de países con mejores armamentos en Sudamérica. Éstas y muchas otras obras, se le reconocen, así como las arbitrariedades y abusos del poder que más de una vez bañaron de sangre las calles, anegándolas en represión y balas. Otro tanto se dice del otro "Chino", Fujimori, a quien se le pasa por paño tibio todas sus barrabasadas, so pretexto de haber combatido el terrorismo.



Ahora la situación no es mucho mejor: la figura de Velasco es usada por los neocon para llenarse la boca sobre cómo es una dictadura, olvidando las trapecerías del otro "Chino"; es el fundamento de muchos luchadores sociales que olvidaron la profunda contradicción de éste hombre que quedó a medio camino entre Tito y Stalin. Yo como digo, me decanto por una rigurosa crítica a los hechos, que nos hacen formularnos la pregunta, así como en el Fausto de Goethe, estos sortilegios y hechicerías me regpunan, ¿acaso no podemos obtener éstas cosas de un espíritu bueno?



Así es en efecto: ¿acaso las democracias no pueden darnos lo bueno que queremos y esperamos de ella, para estar cayendo en la espada de doble filo que supone una dictadura paternalista?. ésto nos lleva pues de vuelta a Hobbes: de nuevo surge ante nosotros el Leviatán, que pese a su rudeza, es preferible al estado de naturaleza; o si lo prefieren, un intento de 1984, con su Gran Hermano observando. Vuelve por sus fueros el ogro filantrópico.



En fin, la enseñanza que podemos obtener del gobierno de Velasco, es que aún le falta mucho a las democracias para fortalecerse y reaccionar ante la pusilanimidad quinquenial a las que nos tiene acostumbrados. Como diría Domingo García Belaúnde, al margen si éstos gobiernos son eficientes o no, queda siempre el hecho que si nos acostumbramos a esa visión de la política, jamás entenderemos lo que es la democracia, que a fin de cuentas, tanto la podemos percibir, como también definir. Lo que nos falta es ponerla en práctica.

1 comentario:

Dinorider d'Andoandor dijo...

mi abuelito era conocido de él gracias a la afición de ambos al deporte y aunque reconocía que metió la pata en varias cosas también remarcaba su ánimo de transformar muchas cosas para mejor, a los generales barrigones que no hacían nada de nada los sacó a trotar con la tropa, le odiaban porque los ponía en su sitio sin importar el apellido y todo ese rollo y al humilde trataba como ser humano pues aún había, y hay creo, gente que parece vivir en la época del feudalismo.
Cometió errores bien errores pero también tuvo sus cosas positivas, aunque a muchos lo prefieran olvidar.