jueves, junio 26, 2008

Mira quien habla


Indignante. El jenízaro Alditus Mariátegui (horror de horrores, sí tenía que ver con el Amauta >_<) se atreve a hablar muy suelto de huesos, del grande vate César Vallejo:

Es que la biografía oficial de Vallejo fue mitificada por la izquierda, la que, por ejemplo, culpa a toda la sociedad peruana de su encarcelamiento en Santiago de Chuco, cuando ese tipo de desgraciado incidente –que los caciques del pueblo se la cojan contigo– te puede pasar fácil aun hoy en día en cualquier lugar del mundo. Los rojos recalcan que vivía en la miseria por la indiferencia de los demás. Oigan, vivía sin dinero y jodido como cualquiera al que no le gusta el trabajo y sí la vida bohemia. Le buscaban empleos y fallaba. Por ejemplo, Haya le contó a una persona cercana cómo se le consiguió que enseñe en el Guadalupe y siempre llegaba tarde por sus amanecidas. Una vez el director lo regañó y Vallejo le contestó “que si quería, lo eche”. El director le preguntó qué haría entonces y Vallejo le contestó “que vendería papas a la huancaína”. No duró mucho después de eso... Tampoco se fue “huido y pobre a Francia”: el viaje y los viáticos fueron financiados por un mecenas trujillano. (?) En París trabajó poco y vivió ese divertido triángulo con las francesas Oriette y Georgette hasta que se casó con la segunda (...) y se mandaron un tremendo viaje por toda Europa con un dinero de ésta, que tenía sus cobres. Es que el ahorro y la responsabilidad no eran virtudes vallejianas... ¡Coyné cuenta cómo el poeta se llevó con unos amigos unos jarrones chinos de la esposa para empeñarlos y los perdieron por borrachos en el metro! Vallejo vivía de su mujer, de algunas crónicas que mandaba al Perú y de su labor como agente del gobierno comunista ruso. No pasaba siempre apuros porque la sociedad capitalista fuese malvada, como aseguran los rojos, sino por bohemio y flojo. Tampoco, como bien aclara Coyné, era especialmente taciturno. Más bien era muy goloso con el dulce. Lamentablemente, cogió una tuberculosis, enfermedad entonces incurable que atacaba a ricos y pobres, la que lo mató relativamente joven. El error del Perú de aquel entonces no fue imitar a Chile con Neruda y hacerlo cónsul para que se gane la vida y escriba tranquilo, pero resultaba remoto que Sánchez Cerro o Benavides le hicieran esa dádiva a un furibundo agente comunista de Moscú. Una pena.

Fácil hablar de los muertos. Pero como soy un sanmarquino con un blog en donde escribe lo que su voluntad le dicta, pues puedo glosar tales rebuznos:

Razón tenía mi padrino al decirme, no seas como Aldo Mariátegui al polemizar. Anote mi estimada Esther Vargas: como éste plumífero, tampoco hay que ser.

La biografía oficial de Vallejo nunca se escribió. Ni en vida ni ahora. Ver la vida del gran poeta es un continuo descubrimiento, de la tragedia humana, de la lucha social, pero todo dentro de la humanidad misma, llena de defectos y virtudes. Ellos fueron hombres, no, ídolos. Algo que un fatuo director de un periódico adulador jamás entendería: cree que todos son de su misma condición, es decir, corifeos de un régimen decadente.

Vallejo no fue aquello, ni mucho menos. Dijo de él, Andrés Iduarte: “Le faltaba (a Vallejo) toda condición para eso que llaman ‘el éxito’. No admitió ser poeta bufón de poderosos, ni secretario de imbéciles, ni traspunte de badulaques… Vivió en la amargura y en la pobreza, pero sin rencor ni resentimiento… La muerte de Vallejo la produjo, sencillamente, el hambre a que lo condenó su nobleza…”

Pero quizá anticipando tales infamias, la eterna voz del poeta responde al alfeñique de hoy:

“Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen
y suben por su muerte de hora en hora
y caen, a lo largo de su alfabeto gélido,
hasta el suelo”.

Cortesía del Alucard del periodismo de oposición. ;)

1 comentario:

Dinorider d'Andoandor dijo...

bien dicen que la ignorancia es atrevida, pero viniendo de alguien que labora en un medio de comunicación que puede ir y revisar cualquier escolar es peor aún.
No se trata de ser ciegos e idealizar personas pero de ahí a hablar ligerezas hay una gran diferencia. Muy mal. Si quería hablar con base a él como periodista nada le costaba ir a la Biblioteca Nacional y pedir los diarios de la época que sólo se abren a investigadores. Recuerdo haber visto hasta caricaturas antiguas, creo debo tener fotocopias si es que mi mamá no ha votado ya mis archivos del colegio que quién sabe en que parte del sótano andarán. De repente tú en la biblio central tienes algunas de esas cosas... pero para cuando te desocupes de tus quehaceres.

Y recuerdo que una revista sacó un libro de color negro y letras doradas a modo de biografia no autorizada