jueves, abril 12, 2007

Sobreviví...

Y es cosa de no creer. Hoy, martes 12 de abril, estaba a bordo de una combi (esas que dicen Km. 22) acompañado de mi tía, apurado porque se hacía tarde para llegar a mi universidad. Uno suele tomar estas unidades de transporte porque son muy rápidas, y efectivamente, aquello es una espada de doble filo.
A la altura de San Juan, poco antes de llegar al parque zonal Sinchi Roca, el chofer (grandísimo idiota llevado por esa maldita manía de ganar posición a otros vehículos), quizo rebasar a un auto particular. Lo raspó por un costado y pegó un acelerón que le hizo perder el carril y estrellarse contra una palmera de la verma central.
Segundos. "Todo se acaba aquí y ahora" pensé antes de salir impulsado al frente de aquella fila de improvisados asientos, ubicados atrás de la cabina del conductor.
Luego, me vi en pleno uso de mis facultades, lo cual era increíble. Apenas si había puesto las manos para frenar la caída. "Mínimo un hueso roto", pero sólo una rodilla me resultó lastimada y al mismo tiempo una ligera contusión en la cabeza.
Y ahí estaba yo, vivo y con tan insginificantes lesiones (aunque el golpe en la rodilla me hizo cojear un poco); los demás también sufrieron contusiones, algunas de mayor consideración: mi tía en la pierna derecha y una chica en la mano, y también tenía el labio roto.
Gracias a Dios obligamos al imprudente chofer a cubrir nuestros gastos médicos con el SOAT en el hospital Sergio Bernales de Collique. Fui dado de alta y a mi tía le prescribieron descanso médico.
Es entonces cuando surge la palabra "milagro". Está bien amigos no creyentes, están en su derecho de no atribuirlo a eso precisamente, pero yo creo que apenas un 20% era mi probabilidad de sobrevivir (al salir impulsado recuérdese). Y las probabilidaes son crueles en este aspecto; miles de vidas son segadas en toda Latinoamérica a causa de conductores temerarios. Y en el mundo también.
No tengo necesidad de inventar cuanto he relatado. Una experiencia así, cuando es real, cambia tu vida. Principalmente eso significa pues, decir adiós a esa miniatura de la muerte, y despertarse más temprano. Pero sobre todo, tener conciencia que cada día, puede ser el último.

1 comentario:

Lizette dijo...

wow... amigo, q mala y q buena suerte. Mala que hayas sufrido ese accidente por irresponsabilidad de esos imbéciles que se hacen llamar "choferes"; lo bueno es q nada grave te haya pasado.
Bueno, q única reacción podemos tener... simplemente reirnos de q no haya sido algo grande... y q ya haya pasado (o, mejor dicho, q no haya pasado a mayores).