miércoles, abril 04, 2007

El día que paralizaron la Tierra


El tiempo se detiene. Todos han sentido los efectos de aquella tarde de fines de otoño, aunque en nuestro interior querramos negarlo. Todo se sume en un agónico y aterrador letargo. Temed; la muerte ha triunfado. Ahora no tenéis más tutela, estáis tan al garete como barcas de papel...
Admitámoslo. Al menos yo lo siento así: difícilmente pocos momentos marcan el año como el Viernes de Semana Santa. Y es que luego de ser bombardeado por piadosas y letárgicas (cuando no, épicas) películas el efecto se multiplica. Así es con todo y este mundo supuestamente "secularizado".
Y es que tu vida no es la misma; aparenta, se desvive por disfrazar y soslayar este día tan agónico, no quiere vivirlo, pero igual se siente obligada a ello.

En efecto, donde sea que voy, el efecto me persigue. Es ése día; el día que paralizaron la tierra; no la paralizó un ejército invasor alienígeno, ni un desaste natural de (valga la redundancia) proporciones bíblicas. Lo paralizó el sangrante Maestro de Nazareth, con su aparente derrota, cargando y arrastrando culpas ajenas, convertido en el chivo expiatorio de los jerarcas de sus hermanos...

Y pensándolo bien, es necesario un momento así en tu vida. Sentirte como a la deriva, y preguntarte ¿amanecerá mañana? Al menos para mí, este es el significado de Viernes Santo: hoy sólo la incertidumbre es cierta, sólo la angustia, sólo la desesperación... No es liberación; es un furor contenido que explota de repente con todo su horror frente a tu hedonista o indiferente rostro. Un recordatorio de que por mucho que corras, hay cosas de las que jamás escaparás...

No hay comentarios.: