viernes, enero 05, 2007

Lo unico bueno que han hecho los pitucos por el Perú: la PUCP

Bueno, la verdad me caen mal los pitucos, no lo voy a ocultar. Por culpa de ellos el Perú ha quedado reducido a Lima en las encuestas (como la gran mentira de que estamos "creciendo" económicamente), y los terrucos tienen el pretexto perfecto para envenenar mentes y sembrar muerte. Habrán honrosas excepciones pero ésa es otra historia.
Pero a fe de buen ecléctico, que es mi filosofía, al menos algo rescatable han debido hacer los pitucos. Y no me falta razón: un monumento perenne a la educación universitaria es la Pontificia Universidad Católica del Perú. Baluarte del humanismo, monumento de la modernidad, así es como he concebido a la PUCP, a la cual también llamo "La Fortaleza Roja".
Muchas cosas se dicen acerca de esta universidad. Una leyenda urbana asegura que se fundó con la intención de opacar a la UNMSM; esto lo dicen en la Aduni y también lo dijo el profesor Wong del CEPUSM (que también lo es de arqueología en la San Marcos). También afirma el libro de Historia el Perú de Aduni, que se quemaron libros de contenido marxista que habían sido pedidos por la PUCP, y repiten sus profesore que se fundó para desplazar a la San Marcos. (Como se ve, este post se va centrando en la rivalidad entre la PUCP y la San Marcos. Ese es el quid del asunto.)
Parte de esta leyendas urbanas es real: la PUCP es la principal competencia de la San Marcos, y gana tanto o más prestigio que ésta última. Es probable que haya impedido el aflujo de dichos libros, pero no creo que llegaran a quemarlos, por más que se lo merecieran.
Bueno el lado deslumbrante de esta prestigiosa institución es pues su carácter humanista y moderno, sus ambientes que estimulan al desarrollo intelectual y personal, el prestigio de sus docentes y por supuesto su bolsa de trabajo. Valgan verdades, esto le faltó a San Marcos: sacrificó el humanismo por el marxismo, creyendo segura la victoria de esta doctrina allá por la segunda mitad del S. XX; de semillero de grandes hombres, se convirtió en refugio de los que termiana su secundaria al tranco (aunque no todos claro); ahora arrastra esta penosa carga, además del estigma de dejar desilusionados a cientos de miles de postulantes por las escasas vacantes. Desde entonces hay una rivalidad entre los de "la Cato" y los sanmarquinos: los últimos acusan a los primeros de provenir de los ricos y ellos defender a los intereses populares; los primeros pues no parecen interesarse mucho en esto, porque muchos sanmarquinos han emigrado a la PUCP.
A mi parecer, no debería existir tal contradicción. Muchos sanmarquinos han hecho un éxodo a la PUCP, cual sabios bizantinos refugiados en Venecia luego de la caída de dicha ciudad en 1453. El más brillante ejemplo es el Padre Gustavo Gutiérrez, anterior sanmarquino que entendió que el nuevo camino de la Iglesia está orientado a los pobres, porque de ellos vino, pero esa es otra historia.
Mi gran sueño ha sido siempre ingresar a las dos universidades, puesto que con todo, conservan el prestigio que ni décadas de cambio social han logrado eliminar por completo. La PUCP me parece un complemento perfecto para la San Marcos: la combativa Decana de América, unida al humanismo y modernidad de la PUCP, de seguro que son el sueño de muchos que como yo, están interesados en mejorar este podrido mundo.
Pero siempre hay un óbice: el dinero. Si por mi fuera postularía a la PUCP para la carrera de derecho, en lugar de la San Marcos, pero de momento mis medios económicos no me lo permiten. En fin, no debo perder la esperanza de algun día poder clavar una lanza en ambas universidades.