viernes, noviembre 03, 2006

Una ópera rebelde

Vuelve la ópera rock Jesucristo Superstar, de la mano de Preludio producciones. El año pasado también estuvo en nuestras tablas, por éstas mismas fechas, y en su publicidad incluía esta afirmación; "Nunca una ópera fue tan rebelde", y se veía escenas de la Guerra del Golfo sobre el torso de un crucificado. Pretexto ideal para hablar de la misma, y analizar algunos aspectos sobre los que no está todo dicho.
No ocultaré que siempre me atrajo ésta obra de Andrew Lloyd Weber; de hecho una vez intenté proponerla en el colegio como obra para su representación, pero el proyecto fracasó en gran parte porque no pegaba y porque me faltaban cualidades para dirigir algo así.
En fin, creo que su atractivo está en esa manía que todo mundo tiene por "descubrir" (que en este caso es lo mismo que describir, para peor en tus propias retorcidas palabras) a un personaje. Y Jesucristo no está exento de dicha manía. Así, los nazis "descubrieron" un Jesús ario, los comunistas "descubrieron" al primer marxista, los hippies "descubrieron" un fundador lejano y el malhadado Dan Brown "descubrió" una padre de familia.
Weber no es ajeno a estos "descubrimientos". Y es que sitúa la historia de Jesucristo en una distopía propia del S. XX, o como diría Ricardo Palma, Weber sería un anacronismo con patas. Así, vemos como cumple en parte con su premisa: presentar un Jesucristo "más humano" sin perder su condición divina; digo en parte porque si se cumpliera en su totalidad, el musical hubiera contado con alguna escena para su resurrección. Al representarlo como un ser que se debate entre cumplir su misión o transformar al mundo en vida, querámoslo o no, todos podemos sentirnos identificados con aquel Jesucristo, humano al fin, que después de todo, al menos en ese aspecto coincide con el de los Evangelios.
Como siempre a nuestra quisquillosa Iglesia, algunas cosas no le parecieron; por ejemplo la omisión de la resurrección, la amistad cariñosa que Weber le hace tener con la Magdalena (con la cual no pasa nada) y cierta defensa de Judas, al presentarlo como manipulado por sus contradicciones y hasta casi un coprotagonista, pero que no se redime y termina suicidado. Ésto, empero, no impide a los grupos juveniles católicos representarla en Semana Santa o cualquier otra fecha. Después de todo la cuestión sea tanto "descubrir" a Jesucristo. Él está allí, si quieren oíganlo, escúchenlo que está buscando amigos, y también a ti, como diría el Chavo; más allá de ello, más alla del descubrimiento, está el encuentro, la identificación. Lo que realmente importa al fin y al cabo.

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