miércoles, noviembre 01, 2006

La podredumbre de noviembre: la feria del Señor del los milagros

Es noviembre, y bueno, acabado el mes de las procesiones moradas, pareciera que no quedara ninguna efeméride en recordar. Fuera del 1 de noviembre, en efecto, no hay ninguna otra fecha. Pero nuevamente, no nos deja de sorprender nuestra infinita capacidad de inventar celebraciones por demás bárbaras y absurdas.
Me refiero a la mal llamada Feria del Señor de los Milagros, que a mi parecer no refleja sino la decadencia de una sociedad que todavía cree vivir en tiempos de la dominación hispana. Se dice que es "una tradición cultural", o un "arte taurino"; llamar arte a las corridas de toro es como llamar busto a un cuerpo mutilado. Entre otra aberraciones (y , valga la aclaración, esto va por lo religioso), el torero ganador recibe escapularios del Señor de los Milagros, como si al atormentado Nazareno le interesara el derramamiento de sangre bovina, como en tiempos del bíblico Yahvé.
¿Otras aberraciones? Pues la abominable manera de dar muerte a los toros: las banderillas desgarran músculos del lomo, reduciendo su movilidad: por ello se mueve de manera errática y encabritándose. El sable, si no es debidamente introducido, perfora los pulmones del animal, prolongando su sufrimiento. Si todavía vive, aún derribado en un gran charco de sangre, es atado a un par de caballos y arrastrado por la arena.
Es así como se demuestran 5 siglos de "aporte cultural". Si para algunos España es el paraíso matrimonial (por obra y gracia de Zapatero), para mí esto no revela sino la podredumbre mental y cultural que exportan a países que alguna vez tuvieron bajo su control.
Por mi parte, la condenación y el rechazo son absolutos. De algo ayuda también el hecho que uno tiene mejores cosas que hacer que asistir a ésta barbarie, y que no puede acceder a las entradas, de algunos estúpidos platudos que acuden con la esperanza de verse retratados en la sección dsocial de una no menos estúpida revista llamada Somos, o en su protector, El Comercio; de algo sirve tener condición humilde.

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