martes, octubre 03, 2006

Madeinusa o la tierra que la crítica olvidó


"Muérete pronto y muérete ya, que queremos 39 horas de libertad"
Pueblo de Manayaycuna, 2006.

Se preguntarán porque escribo acerca de este tema. Simple: dar un punto de vista diferente. Hace unas semanas llegó a nuestros écranes la opera prima de la sobrina de Mario Vargas Llosa, Claudia Llosa, Madeinusa. Una pelicula como muchas, que despiertan el morbo siempre latente en los críticos, y encendió encomíasticas críticas. Ante nada, es innegable que su composición revela el interés de Llosa por los pueblos perdidos de la sierra, deficientemente evangelizados. La novel directora apuesta por un status quo, negando de plano un esfuerzo épico-telúrico, para abocarse a una película que si bien es presentada como "no comercial", lo es tanto como las actividades de todo artesano pirotécnico en fiestas patornales, o vendedores de cerveza si se quiere.
La trama se puede resumir en algo simple: un pueblo de la Cordillera Blanca donde un malhadado geólogo de nombre Salvador (Carlos Juan De La Torre) se ve atrapado en una misteriosa celebración que mezcla -como suele suceder en nuestros andes- ritos católicos con paganismo. Se tiene la mentalidad de que al llegar el Viernes Santo, al dar la hora nona -como a las 3 pm.-, Jesucristo que es Dios estará muerto y no podrá ver nuestros pecados; por tanto, en lugar de sentir la atmósfera fúnebre propia de esos días, se da rienda suelta toda clase de libertinajes, muy en especial el del sexo, hasta Domingo Santo. El alcalde Cayo (Juan Ubaldo Huamán) promueve tan curiosa costumbre, y no duda en colocar para la representación de Semana Santa, en el papel de la virgen María, a su hija Madeinusa (Magaly Solier), la protagonista conviertiéndola en objeto de deseo, curiosamente (sic). En la francachela orgiástica, Salvador hará de ella una víctima más de esta vorágine, al verse envuelto en los tentáculos de la "liberación".
Un desfile impecable de símbolos lascacianos y de Buñuel, huelga decir que todo es ficticio, hay cosa que la edulcorada crítica ha pasado por alto; si bien la lascividad y lo místico (aunque estos serranos, con el debido respeto, parecen tener más que ver con los aztecas que con los incas por su costumbre atribuida en el filme) son elementos principales, también lo es la crueldad y la ambición. ¿A quienes convendría que se siga manteniendo la costumbre del pecado non visto? Obviamente que a los comerciantes de telas bordadas, cerveza, castillos pirotécnicos y toda parafernalia propia de las fiestas patronales. Al mismo alcalde, porque en ello reside su poder ideológico, pero que como veremos, a la larga significa su última carta jugada. En ello reside, al menos para mí el verdadero valor de este filme: es un dramón nihilista, y con escasa claridad de ideas, pero sin proponerlo, cumple un papel de denuncia social, entre tanta parafernalia neopagana. Mensaje que como vemos, la prensa y la misma Claudia Llosa, se encargan de sepultar, en colmo de lo paradójico.
Como sea, s/. 3.00 (la misma estrategia que usé para el Código Da Vinci) valieron la pena para sacar una conclusión diferente a tanto crítico esnob.

1 comentario:

elpadrino dijo...

LA PELICULA ES EXCELENTE..ME ENCANTO LA TRAMA ES FENOMENAL Y SUS PAISAJES SON ALUCINANTES, LOS UNICOS QUE LA CRTICAN SON LOS ACOMPLEJADOS QUE TIENEN VERGUEZA QUE SE MUESTRE LA CULTURA Y COSTUMBRES DE LOS PUEBLOS MAS ALEJADOS DEL PERU.
SON UNOS IDIOTAS, EL FILM ES UN ORGULLO