miércoles, octubre 18, 2006

Chaparrón a la posteridad

Todos escriben lo mismo: se ha ido un gran personaje, se ha muerto el paladín de la democracia, un buen presidente, y cosas así. Luego de un funeral en la Catedral y un entierro en los Jardines de la paz, seamos sinceros, es probable que nadie se acuerde nuevamente de su existencia. Lo digo porque ni siquiera se acordaron de él luego de que el malhadado Víctor Andres García Belaúnde diese la falsa alarma, ni supieran de su irremediable lesión pulmonar, ni de sus innumerables by-pass. Pero no contaban con su delicada salud. Como sea, ahora que se ha ido, sucede el fenómeno de todo político muerto: se vuelve "bueno". No importa que tan malo haya sido uno, se convierte en un alma bendita ni bien la Parca llama a su puerta. Así sucedió con todos, excepto con Juan Velasco Alvarado, pero en fin...
Tal vez la única maldad cometida por nuestro cuzqueño ex presidente haya sido tentar el sillón presidencial una vez más. Como presidente interino tuvo un buen desempeño y ahí se pudo quedar, pero ya sea por querer seguir copando puestos con acciopopulistas o por quedarse con las mieles en la boca, se lanzó a la campaña política del
2006. Valgan verdades, esto agravó su estado de salud y nunca más se pudo recuperar (de hecho permaneció internado hasta el día de su muerte).
En fin no hay porqué llorar; si son católicos con algo de suerte lo veremos en el purgatorio... si son ateos, bueno tampoco se entristezcan, porque al final todos seremos un buen abono para las generaciones futuras.

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